Eternal Flame: una cordada en Pakistán

Eternal Flame: una cordada en Pakistán

Todo este viaje nace con un sueño en particular: la Torre del Trango (o Torre Sin Nombre). 

Hace muchos años que los miembros de este grupo se dedican al ascenso de grandes paredes de granito como una real adicción. Nicolás Gutiérrez, Sebastián Rojas y Diego Señoret tienen un amplio repertorio de grandes paredes escaladas. Teniendo como su gran escuela el Cajón del Maipo, Cochamó y la inigualable Patagonia, han dedicado muchos años a perseguir este tipo de paredes de miles metros como una misión de vida. Esta vez, junto a Diego Saez decidieron ir a dar todo y sacrificarse en lo personal por ir a cumplir el anhelado sueño de la Torre del Trango (6.286 msnm). Esta Torre se cruzó en su camino hace muchos años, en distintos momentos y de distintas maneras, pero sin duda que a su debido tiempo, en cada uno de ellos produjo un compromiso que algún día tendría que llegar a cumplirse. Y así fue. 


A continuación presentamos un relato de la expedición a través de la mirada de Diego Señoret.



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Al llegar a campo base, la impresión de esta torre fue muy grande para todos. Todo lo que habíamos escuchado durante años estaba frente a nuestros ojos. Sin dudas el primer obstáculo era el cruce del gran canalón que había que atravesar por kilómetros y horas para llegar a la base de la pared. Con el correr de la expedición nos dimos cuenta que los peligros objetivos de este eran muy grandes. Constantes caídas de seracs, caídas de piedras por los deshielos de los calores de Julio y la gran acumulación de nieve después de un invierno muy cargado nos intimidaron mucho y dejaron en claro que cada vez que cruzáramos este tramo habría que tener mucha suerte, estar encomendados, hacer todos los cálculos y estar muy atentos. 

El domingo 14 de Julio a las 1:45 de la mañana sonaron los despertadores. La misión estaba clara y no dudamos en levantarnos de inmediato. Las mochilas y los equipo estaban listos, y salimos como a las 2:30 de la mañana, cuando el canalón se encuentra en su momento más pacífico. Una vez más caminamos con paciencia, con un paso de largo aliento, guardando energías. La misión era larga. Al cabo de 3 horas, ya un poco más aclimatados, llegamos al sector donde habíamos dejado nuestro vivac con carpa, equipamiento y comida en nuestro pegue anterior a la Little Trango, a unos 5.020 msnm. Ahí decidimos parar a hidratarnos y a tomar desayuno, donde también ordenamos las mochilas para llevar tres en vez de cuatro. La estrategia sería ir en una cordada de cuatro, estábamos juntos a muerte: o todos llegaban o todos quedaban en el camino. Sin dudas esta unión fue la fuerza de la expedición. 

Como a las 7:00 de la mañana salimos hacia el col donde empieza la ruta eslovena. Esta ruta recorre 10 largos para llegar a la Sun Terrace, una gran terraza que se encuentra en un hombro de la Torre del Trango. Podríamos haber escogido la ruta Eternal Flame desde el inicio de la pared, pero los primeros 10 largos originales recorren terreno bastante suelto y de mala calidad, ya que se sabe que son largos muy podridos y peligrosos, y para nosotros, la seguridad siempre es lo primero.

El comienzo de la ruta eslovena nos dejó claro que no es una vía fluida ni de fisuras perfectas. Largos con algunas cuerdas fijas en pequeños tramos y en dudoso estado, escalada artificial y seracs de nieve sobre nosotros nos pusieron alerta de inmediato, había que pasar rápido. Partió Nico Gutiérrez en los primeros largos demostrando toda su experiencia en largos de artificial. Las mochilas pesadísimas y jumar para los que iban de segundo. Largos mojados y discontinuos, en definitiva la escuela psycho(saico) de los eslovenos que los define así en su historial de ascensos. Luego siguió Seba Rojas en unos largos de mixto que le dieron alto trabajo para llegar a la parte alta de este primer día. Los últimos largos los hice yo, Diego Señoret, encontrando largos más secos y tumbados con fisuras de calidad. El último largo que me tocó fue del terror: dos run outs con caídas de más de 20 metros donde tuvo que sacar toda su personalidad para superarlos y evitar un gran accidente. Sin dudas que los equipadores eran escaladores que exponían alto riesgo en sus expediciones, nada menos que la escuela eslovena. 


eternal flame 3

Finalmente como a las 5:30pm llegamos a la Sun Terrace a 5.548 msnm, muy agotados por el esfuerzo de una jornada larguísima. Frente a nosotros la vertical Torre Sin Nombre y los 24 largos que aún nos restaban de esta pared dorada de granito milenario. Como parte de nuestra estrategia, decidimos darnos descanso al día siguiente después de una jornada de 15 horas sin parar. Para nosotros asegurar la cumbre era muy importante. 

Al día siguiente nos hidratamos y alimentamos bien, ya que estábamos cansados de la jornada anterior. Después de almuerzo decidimos ir a fijar los primeros tres largos de la ruta Eternal Flame para ahorrarnos tiempo al día siguiente, donde pretendíamos dar un empuje directo a cumbre. El primero lo hizo Seba Rojas, un largo fácil 5.4 para llegar a una terraza; luego fue Nico Gutierrez en un técnico 11.d que le tomó tiempo; luego me tocó a mi, una travesía de 12.a con un paso de placa algo run out llegando a una reunión donde empezaba una sección de fisuras perfectas. 

Con esto, la estrategia era salir temprano por las cuerdas fijas y empezar el ataque. A las 3:00 de la mañana nos empezamos a montar por las cuerdas fijas hasta llegar a la reunión del largo 3. Seba Rojas fue el primero en ponerse a escalar, primero un 11.a y luego un 10.c. A esa hora la temperatura era para congelarse, y pensar en sacarse las botas para ponerse zapatillas de escalada y quitarse los guantes para meter las manos en las fisuras no era para cualquier humano: era extremo. Sebita partió como un guerrero pero le tomó tiempo y mucha energía, constantemente tenía que parar a revivir sus dedos de manos y pies. 

Los dos siguientes largos los hizo Nico Gutierrez: un 11.a y un 11.d. El frío seguía incesante y extremo y recién cuando Nico terminó su primer largo nos empezó a llegar el sol, una salvación tremenda para lo que estábamos viviendo. Desafortunadamente el anclaje donde quedó estaba en la sombra y el sufrimiento continuó. El largo de 11.d que le tocó a Nico era extremadamente técnico y prácticamente de escalada artificial con fisuras bastante abiertas y difícil de proteger. El frío no lo tenía nada cómodo y le tomó cerca de 2 horas en un largo de casi 60 metros. 

Después de esto me tocó a mi, un largo de 11.a de travesía con lajones bastante descompuesto, seguido por una trepa de 5.4. Luego de esto vino un momento algo crítico en la cordada dado que no estaba 100% claro por donde seguía la línea y claramente habíamos demorado mucho más de lo esperado ese día producto de las condiciones frías y la dificultad de la escalada, y las opciones se veían bastante jugadas en los largos que teníamos encima. Finalmente tomé la decisión de seguir dos largos de 12.d, en uno conectando con una escalera de bolts que había dejado el viejo Kurt y el viejo Wolfgang.


eternal flame


Después de conectar estos largos siguió Seba Rojas por una fisura perfecta de manos y luego conectando una chimenea de hielo que nos condujo a una gran terraza donde ya la tarde se dejó caer y habría que tomar decisiones sobre qué hacer: seguir escalando toda la noche o tomar un descanso sin carpa ni sacos de dormir en una terraza de nieve. Cuando nos juntamos en la terraza, Nico Gutiérrez se impulsó con su gran fortaleza cajonina y se ofreció para fijar los dos siguientes largos 11.b y 12.a que estaban por encima de la terraza en la que estábamos. Al cabo de un par de horas y con las últimas luces del día Nico terminó de fijar esos dos largos. Habíamos agotado bastante energía ese día y lo que nos pareció más correcto era descansar y salir con las primeras luces del día siguiente por los últimos 12 largos que nos quedaban para llegar a la preciada cumbre. Lo que no sabíamos era que estábamos por vivir una de las noches más frías de nuestras vidas. 

Al momento en que yo aseguraba a Nico Gutierrez en los últimos dos largos ese día, Diego Saez y Seba se dedicaron a formar una terraza en la nieve y a hacer agua para el equipo. Esa terraza sería nuestro refugio pensado para esa noche. Cuando nos dispusimos a descansar con todo el equipo en ese lugar vivimos un momento épico: un atardecer de los sueños donde, por un lado se escondía el sol y por el otro salía la luna llena. Teníamos frente a nosotros las montañas más altas de Pakistán y unas de las más altas del mundo: el K2, Broad Peak, G1, G2, G4, Muztagh Tower, Chogolisa, Great Trango Tower, Uli Biaho, Paju Peak, Masherbrum y todo un círculo de montañas espectaculares. No lo podíamos creer, fue un sentimiento muy especial. 

Por otro lado, el frío paralizante se empezaba a sentir. Estar sentados en esa terraza nos duró sólo minutos. Al cabo de un rato nos empezábamos a parar buscando movimiento, saltos, patadas, bailes y lo que fuera necesario para moverse y disminuir el frío que nos empezaba a congelar. La noche se venía muy larga y sería una prueba de fuego para ver si seríamos capaces de alcanzar la cumbre o no. Al paso de algunas horas en esa dinámica nos decidimos hacer una cueva en la nieve para ver si eso nos podría proteger un poco más del frío y de las brisas de viento que se dejaban aparecer aumentado aún más el frío insoportable a casi 6.000 metros. Esto nos dio un golpe de energía ya que cavar la cueva nos daba movimiento y calor, ¡que pase el tiempo! 


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En un par de horas teníamos nuestra cueva y nuestra esperanza era meternos todos y tener más calor humano. Nos metimos ahí dentro una y otra vez cambiando lugares y posiciones, ¡el frío no te dejaba dormir! Al rato salíamos a patear ya que los dedos de manos y pies empezaban a dormirse, otros se sacaban las botas y se masajeaban los dedos, nos abrazamos entre nosotros, y hacíamos todo lo posible por amilanar el frío. Fue una noche durísima, no hubo energía para poder dormir. Así la noche entera desde las 8pm. Como a las 4:30 de la mañana empezó a aclarar con las temperaturas más bajas registradas. Fue un duro amanecer donde lo único que pensábamos era en la salida del sol, que demoró en salir. Para nuestra mala fortuna la terraza donde estábamos ubicados no recibía sol hasta como las 6:30 am. Cuando por fin nos llegó la luz de vida nos tuvimos que quedar como una hora recibiendo el calor que habíamos perdido. Las energías estaban bajas pero nuestra luz de esperanza ya estaba con nosotros, ahora había que tomar nuestras fuerzas y seguir el camino hacia nuestro sueño máximo: la cumbre. 

Como a las 8:00 de la mañana me monté por las cuerdas fijas para liderar los próximos dos largos: un 10.d de chapas run out y luego el largo crux de la ruta un 13.a de finos dedos que escalaría en artificial lo más rápido posible para no perder más tiempo hacia la cumbre. Los dos siguientes largos los hizo Seba Rojas un 12.d de artificial muy difícil de proteger donde se pegó un pequeño vuelo y luego un 11.c de alta calidad de fisura de manos, verticalidad máxima. Luego vino Nico Gutiérrez con un 11.d también de alta calidad de fisura de manos. Cuando terminó ese largo miramos el topo y nos dimos cuenta que nos quedaban solo largos de mixto de menor dificultad que todo el resto de la ruta, ¡estábamos muy cerca!



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Al siguiente largo fui yo, en unos mixtos metiéndome en la última parte de la pared donde la altura y el esfuerzo de los tres días anteriores se sentían. Fue ahí cuando Seba ofreció su energía para ir por los últimos largos de 5.7 y 5.5 de nieve y mixto, nada regalado a todo esto. Finalmente como a las 4:30pm del día miércoles 17 de Julio, Seba llegó a la cumbre donde me aseguró a mi y a Nico. Reventamos en emoción cuando llegamos a cumbre, con lágrimas de felicidad. Más atrás venía el gran Diego Saez, que nunca antes se había embarcado en un aventura de pared así de extrema y quien sin duda fue un tremendo aporte para la cordada. Nos juntamos en la cumbre y la felicidad era máxima, donde disfrutamos de una vista espectacular de todos los montañones alrededor del Karakorum.  Nuestro sueño estaba cumplido y nuestras risas se dejaron caer a 6.286 msnm. No había sido fácil.

Después de estar como una hora en la cumbre comenzó nuestro descenso por la pared hasta la Sun Terrace, a la cual llegamos después de unas 5 horas de rapel nocturno, llegando exhaustos y muy deshidratados a ocupar las últimas gotas de gas para derretir un poco de nieve y luego desplomarse en los sacos de dormir. Fue una noche soñada después del frío extremo de la noche anterior. Al día siguiente, deshechos por el esfuerzo y la deshidratación comenzamos la bajada de los últimos 10 rapeles los cuales abrió Nico mientras estábamos todos muy cansados y sin agua. Finalmente llegamos al canalón de la muerte entrada la tarde. Una vez más, el canalón no se iba a mostrar pacífico y nos dejó ver 2 avalanchas gigantescas de piedras justo antes de meternos en él, dejándonos claro que lo más arriesgado del pegue aun nos esperaba. 

Llegamos al lugar donde estaba nuestro vivac a buscar nuestras cosas que habíamos dejado ahí. Nos hidratamos todo lo que pudimos con el agua que corría hacia abajo del canalón producto del calor del sol de ese día y nos encomendamos a nuestros seres que nos cuidan desde arriba para que nos protegieran en este último tramo sin avalanchas. Fue un momento intenso de expectativas, una hora bajando lo más rápido posible con los dedos cruzados y finalmente llegamos a campo base sin novedades donde nos esperaban Esan Alí, nuestro ayudante de cocina y Hussein, nuestro cocinero para celebrar lo que para nosotros fue una tremenda hazaña entre hermanos, unidos en esta vida por el amor a las montañas.


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